RUTAS POETICAS

ENDEBLÉZ

Hoy me encadeno a tu encanto como una huella que cae del amor que prometiste,

para no dejar marchitar en mis tesuras el color de tus ojos y la piel sedosa de tus manos.
Para no dejar la palabra acunada en agitados recodos que se pierden en el abandono después de tanto llanto.
Porque frágil es el amor cuando el olvido resuena junto al viento como un eco devorando silencios y en arrestos de una piel que fue mi hoguera.
La endebléz se alarga entre el cielo y la tierra prometida y me llegan tus sonidos inolvidables en mi mente cuando pienso en el reencuentro de tus ojos y mis ojos.
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LLUEVE POR DENTRO

Tu adiós desde el manantial del agua fluye como un suspiro y revuela soñoliento marcando las distancias con mi congoja que se oculta tras las sombras.

Subvirtiendo el amor trocaste la ilusión en una noche desprendida que ante el rostro del frío hizo morir las esperanzas y crepitar la luna en el silencio.

Así me fui de tus ventanas y oculto entre las sombras hoy me encuentro crujiendo en el recuerdo los desdenes y tan lejos de tus ojos.

Y llueve sobre mi alma el desparpajo, el asombro de no verte en mis rincones, en los juegos de manos cariñosas desbrochando los botones y deshaciendo sábanas.
Y llueve como luz buscando sombras, como luz en laberintos de sonidos que cantan tu nombre en los recodos, en las calles desiertas donde siempre imploro,
Donde no te hayo, y donde lloro.
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BREBAJE DE DULZURA

Recuerdo tus ojos irradiantes como lámparas al compás de la tarde casi oscura
donde el viento giraba como un aletear de notas musicales.

Allí se apagaron tus ojos por el resplandor
iluminado de canciones lejanas y ocultaron la luz de tu cuerpo
que ya borroso llegó hasta mis ojos.
Y recuerdo tus caricias sedosas como una piel llegándome con alas
para llevarme a conocer un mundo nuevo.

Siempre más allá de tu piel estará tu dulzura indeleble como la eternidad,
nunca será borrada ni dispersa, siempre será brisa con el frescor que viene de montañas de invierno, tan suave como tu alma, que sopla y sopla las cenizas de nuestros pechos
donde una vez hubo fulgor de fuegos.

Siempre serás brebaje de dulzuras que limpia mis pasiones y mis males en las noches oscuras de mi intolerancia, haciéndome mirar un mundo nuevo en cada amanecer.

Entonces las flores se esparcen por jardines y crecen en las copas enjambres cantarines batiendo entres sus alas la esperanza.
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MIRANDO LA INDIGENCIA

En este mirar imágenes de indigencia
que golpean y socavan la conciencia
que se sufre en lastimar de enojo
me asusta y me congojo
en el trémulo preámbulo en el que escribo.

Y marco brecha por la calle abierta
donde mis ojos estáticos contemplan
penurias que vivimos trenzadas del dolor humano.

Porque se escapa de mis manos,
porque solo queda el clamor de la esperanza
en un mundo que avanza y que jacta
sin presentir el desatino de no cubrir la falta.

Y se vuelve abismo
oscuro transitar con noches de hambre
que la ciudad cansina no percibe
indolente quizá sin que se anime
a descubrir el dolor que en ese enjambre
ven mis pasos del camino.

Son carencias sin abrigo
que se arriman bordeando basureros
son fracasos tapados de sombreros
sin apoyo ni esfuerzo por la condición humana.

Son las voces sin mañana
tapiadas de noche balbuceante
urgidos del licor para el olvido
con los ojos cerrados o distantes.

Fueron niños del olvido
que hoy repiten en otros el silbido
marcados del color bermejo
sangrando en el sangrar... cuando me quejo.
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