26.11.08

A MI MADRE MUERTA

Sufrías de día,
descansabas de noche,
regabas y cocías murmurando los afanes
que dejabas regando los jardines.

Caminando en la calle te extasiabas
y tus ojos buscaban el encuentro
de la gente que amiga de sus cuentos
estrechaban tus abrazos.

Yo caminado junto a ti feliz seguía
el sermón que tus labios me decían,
las palabras que jamás fueron oídas
y que extraño después de tu partida.

Fuiste fuerte mujer de mandamiento
plasmada de montañas y de miedos,
de rezos, de oración, de desencuentro...


Y fuiste aquella,
que pensaba en mi mañana,
en mis horas felices del destino,
aquella que soñaba a solas,
que será de él, sin nunca decir nada.

Aquella que de niño me cargo en sus brazos
sufriendo en carne viva mis tropiezos
la que me brindó sus besos,
sus caricias, sus abrazos.

En ella que fue mi amor y mi querella
mi angustia, mi alegría,
la que con su aroma me impregnó la vida
dándome aromas para que sonriera
y yo dándole espinas para que sufriera.

En ella pienso hoy, sin ser olvido
a mi mente y corazón,
en ella pienso hoy como un suspiro,
como el ave que en un corto vuelo
hecho pedazos... nos dejó su nido.